Wednesday, June 06, 2007

TRAYECTORIA DE JULIO C. TELLO

1880 Nace en la provincia de Huarochirí el 11 de abril.

1909 Se gradúa de Bachiller en Medicina.

1911 Obtiene una maestría en Antropología en la Universidad de Harvard, EE.UU. Inicia su periplo europeo. Estudia en las universidades de Cambridge, París, Berlín y Londres.

1912 Representante en el Perú XVIII Congreso de Americanista. Se casa con Olive Nabel Chessman. Regresa al Perú.

1913 El gobierno lo nombra su representante en la expedición arqueológica que Alex Hrdlicka realiza en la costa. Es nombrado Jefe de la Sección Arqueológica del Museo Nacional.

1916 Integra la misión científica de la Universidad de Harvard que explora el Marañón.

1917 Es elegido diputado por Huarochirí en las filas del partido democrático Nacional.

1918 Se gradúa de doctor en Ciencias Naturales.

1919 Emprende la expedición a Chapín por encargo de la Universidad de San Marcos. Organiza el Museo Arqueológico de esta universidad.

1920 Organiza la colección Larco Herrera, adquirida por el Estado el año anterior, base del museo de Arqueología de la avenida Alfonso Ugarte.

1921 Publica Introducción a la Historia del Antiguo Perú, en donde propone por primera vez una cronoligía de las culturas prehispánicas.
1923 publica su famoso ensayo "Wira Kocha" en la revista Inca.

1925 Inicia la exploración de los valles costeños de Chincha y Pisco. El 26 de julio descubre las cavernas de Paracas.
1926 Expedición a los valles costeños del norte (Santa, Virú, Moche y Chicana).
1927 Este año y hasta 1930 explora la costa y estableciendo la fase Paracas Necrópolis.
1929 Publica Antiguo Perú. Primera época.
1931 Explora la Hoya del Mantaro encontrando las ruinas de Huari-Huacaurara y Conchopata.
1933 Exploración al Valle de Nepeña.
1934 Nueva expedición a Chavín.
1935 Expedición a los Valles de Chancay, Chillón y Rimac. Publica su importante estudio "Kotosh".
1937 Expedición al Valle de Casma auspiciada por la Universidad de San Marcos y Nelson Pockefeller. Descubrimiento del Templo de Sechín.
1939 Publica su estudio Las primeras edades del Perú por Guaman Poma. Ensayo de interpretación.
1940 Nueva expedición a Chavín.
1941 Descubre en Urubamba, cerca de Machu Picchu, las ruinas de Huiñay-Huayna. el último de sus grandes descubrimientos.
1942 Publica Origen y desarrollo de las civilizaciones prehistóricas andinas. Allí rectifica su cronología de la cultura andina.
1944 Publica El descubrimiento de la cultura Chavín.
1945 Se crea el Museo Nacional de Antropología (hoy Museo Nacional de Arqueología, Antropología e Historia) y Tello es nombrado su primer Director. Estudia las Necrópolis de Ancón.
1947 Muere de cáncer al estómago en la clínica del hospital Loayza el 3 de junio.

(Jorge Moreno Matos)

Rescatando el Perú

El legado del maestro
Luis G.Lumbreras
ARQUEÓLOGO Y EX DIRECTOR DEL INSTITUTO NACIONAL DE CULTURA
"Su contribución más importante fue cambiar la imagen que teníamos respecto al Perú. En su tiempo, a raíz de las ideas del doctor Max Uhle, se creía que nada de lo que existía aquí había sido elaborado por los peruanos. Uhle le había dado forma científica y sistemática a la vieja idea de que nuestra cultura era producto de otras civilizaciones. Tello contradijo esa hipótesis, algo que no era fácil en su época, y rescató la tesis del autoctonismo, es decir que la civilización peruana era producto de los peruanos. Este es un punto de partida fundamental para entender la importacia de Tello. Él le dió a la arqueología un sentido diferente, de rescate de nuestra propia identidad, de autovaloración, que fue muy importante en su momento. Él planteó la tesis de una evaluación, de un crecimiento de la civilización peruana. Esta fue su primera y gran contribución. Y la segunda, que ésta ligaba a la primera, fue establecer que nuestra civilización fue fundamentalmente el producto de la capacidad de los peruanos para someter un medio duro y difícil, y que esto se hizo a base de un progresivo dominio sobre el territorio. Consideraba que este proceso se inició con la agricultura en una zona de montaña y de ahí pasó a los llamados andes orientales, donde se tuvo que intervenir el medio ambiente, para cambiar la tierra, crear canales de riego, construir andenes e implementar la agricultura, con la cual surge la civilización. Por eso le puso tanto interés a Chavín, que convirtió en una suerte de icono de esta civilización triunfante, que finalmente llega al litoral, donde el dominio es básicamente tecnológico. Por eso andaba buscando en toda la costa la presencia de Chavín. Se imaginaba un suerte de invasión de la sierra a la costa y en ese proceso se encontró con la cultura Paracas. A raíz de esto hizo el enunciado de la diversidad de culturas en el Perú.
En su momento, contra Tello se fueron todos, peruanos y no peruanos. Lo veían, además, como un indio metido en temas que usualmente eran abordados por extranjeros. Por eso su contribución más importante fue contribuir una visión del Perú, algo que le costo mucho trabajo y perseverancia".
RAFAEL VEGA CENTENO
PROFESOR DE LA ESCUELA ACADÉMICO PROFESIONAL DE ARQUEOLOGÍA DE LA UNMSM
"Lo que más me interesaría rasaltar en su figura. Él es un intelectual bastante singular, pues tiene una formación de primer nivel para su época, con una maestría en la Universidad de Harvard. Pero nunca se convierte en un intelectual de alta produdtividad, que escribe libros y publica investigaciones, tanto así que muere dejando muchas cosas inéditas. Por eso su mayor legado no está ahí. Su gran obra fue consolidar los museos en el Perú. Él había visto los museos en Europa y se indignaba de ver lo famélico que era nuestro Museo Nacional de entonses. Gran parte de sus expediciones a Paracas o Nasca fueron para incrementar nuestra colección museísta porque su mayor era hacer llegar este conocimiento al público y sabía que el lugar estratégico para que se produjera este encuentro era el museo.
Por eso me atrevería a decir que su legado más notorio es haberle ofrecido al Perú museos de arqueología y antropología, como el de San Marcos, y crear conciencia entre los arquéologos peruanos de que el museo es el lugar indicado para albergar sus hallazgos y descubrimientos".
MARIANA MOULD DE PEASE
HISTORIADORA
"Más allá de cualquier hallazgo específico, la mayor contribución de Tello a la arqueología peruana es haber luchado por una metodología de trabajo a travéz de la cual la conservación arqueológica es tan importante como la investigación. Ese, para mi, es el gran legado de Tello: la idea de que conversación e investigación son parte de lo mismo; indesligables e imprecindibles. La mayor prueba de la clara percepción de Tello sobre estos asuntos no es otra que la colección que él mismo trabajó y organizó para que viajara por el Perú con fines didácticos, pero que arbitrariamente fue enviada a la Exploción Panamericana de Sevilla, en 1929. Cuando se dio cuenta de que era inevitable el viaje de la colección al exterior, Tello documentó y catalogó muy bien cada una de las piezas que se enviaban, con el firme propósito de que regresaran. Lamentablemente, muchas de estas obras nunca volvieron, por una serie de vaivenes políticos tanto en el Perú como en España. Hay documentos que cuentan cómo Tello luchó hasta su muerte por la repatriación de esos bienes, y cómo su discípula Rebeca Carrión hizo lo mismo".
PEDRO NOVOA BELLOTA
ARQUÉOLOGO, PROYECTO ESPECIAL ARQUEOLÓGICO CARAL-SUPE
"Julio C. Tello fue un hombre de obras. Un ejemplo para todos los arquéologos peruanos que desean aunar a la investigación rigurosa una práctica que impacte positivamente en la sociedad. Tello sumó a su fundamental aporte académico -fue el primer en establecer la profundidad y originalidad de la sociedad andina-las actividades del pasado permaneceran seguras pero asequibles al público general: impulsó leyes a favor del patrimonio arqueológico, contribuyó a la puesta en valor de sitios arqueológicos que recuperó de coleccionistas y en sus investigaciones.
Tello tuvo el mérito, además de haber hecho una obra-que aún podemos apreciar y disfrutar, sesenta años después de su muerte- en un tiempo en el cual el desprecio hacia nuestras raíces andinas era abierto e intenso. Tello, maestro andino, fue un ejemplo de entrega y trabajo en condiciones adversas. Su obra fundamental para comprendernos, identificarnos y valorarnos como peruanos".


De puño y letra

Los archivos de Julio C. Tello comienzan a ser digitalizados



- por Jorge Paredes

Tenía la letra desordenada, a veces ininteligible, y solo apuntaba lo necesario. Pero los cuadernos de su archivo guardan una asombrosa pulcritud. Diagramas de restos, cerámicas, telas, mapas, animales y plantas aparecen dibujados con extremo cuidado, y reproducidos en cada detalle y color. Julio C. Tello caminó el Perú por más de tres décadas y siempre se hizo acompañar por un equipo de dibujantes y caligrafistas que pusieron en cuadernos-que ahora lucen amarillos y llevan el color ocre del pasado en las hojas-el legado de un hombre que vivió intensamente y creyó en el poder civilizatorio de los antiguos peruanos, tesis revolucionaria para su época, cuando se aceptaban las ideas de Max Uhle sobre las influencias centroamericanas de nuestra cultura.

A su muerte, sucedida en 1947, Tello no había publicado más de seis libros e innumerables artículos periodísticos, pero la mayor parte de sus investigaciones, teóricas y hallazgos de sus excurciones científicas se encontraba en su inmenso archivo documental, que desde entonses, y de acuerdo al pedido expreso de su testimonio, pasó a formar parte del patrimonio de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos.


LA PUNTA DEL ICEBERG

¿Cuántos cientos o millares de cuadernos con información de campo, fotos, notas, acuarelas, placas de vidrio con imágenes, conforman el archivo Tello? Hasta el momento se ha develado solo un 20 por ciento de su totalidad. El resto sigue ahí, en un cuarto climatizado, envuelto simétricamente en bolsones de papel, que se asemejan a decenas de fardos funerarios a la espera de su recuperación.

Su contenido es variado. "Se nota el clásico desorden intelectual", dice Carlos Del Águila, actual director del Museo de Arqueología de San Marcos. Está compuesto por notas, trabajos originales, recortes periodísticos de la época, contribuciones de Tello como de otros autores, dibujos, acuarelas, registros forográficos y cuadernos de campo por manuscritos. El archivo no está conformado solo por el material que Tello trabajó, sino están reunidos también los cuadernos de varios de sus asistentes, como Félix Caycho, Luis Cossi, Julio Espejo Núñez, Oscar Santisteban y Toribio Mejía Xesspe, quien fue el más importante de todos, y el que más trabajó en organizar la inmensa documentación. También se hallan materiales de Rebeca Carrión Cachot, quien fue su seguidora y más esforzada discípula.

Lamentablemente, Mejía Xesspe murió repentinamente y gran parte de su archivo fue cedido por su viuda al Instituto Riva-Agüero de la Universidad Católica, donde es conservado.

En San Marcos el primer inventario del archivo Tello fue hecho en 1966 por Carlos Daniel Valcárcel. Luego, fue prácticamente dejado en los anaqueles, mantenido solo con los exiguos recursos de la Universidad. Después de un silencio de cuarenta años, a fines de 1997, se realízó una verificación total de los documentos, iniciándose la publicación de los cuadernos de Tello, impulsada por la entonces directora del Museo de Arqueología y Antropología de San Marcos, Ruth Shandy. El primero de ellos estuvo dedicado a la arqueología del valle de Lima. Después vinierón los cuadernos referidos asus investigaciones en el valle de Asia y la huaca Malena, en el valle de Nepeña.

Carlos Del Águila, actual dierctor del Museo de Arqueología, anuncia la aparición en los próximos meses del primer cuaderno dedicado a Pachacamac, el cual viene siendo trabajado y digitalizado por un equipo de jóvenes profesionales sanmarquinos. La idea es editarlo en color y con un CD de ilustraciones y fotografías. "Tello fue muy criticado en su momento por sus trabajos en Pachacamac", comenta Del Águila, "e incluso se le acusó de haber inventado lo del Templo de las Mamaconas, pero lo que vamos a publicar testimonia lo contrario. Aunque no concluyó este proceso, Pachacamac termina siendo el último trabajo integral e intensivo del maestro".

Tello interrumpe sus investigaciones en Pachacamac en 1945, un año después se agrava su salud y cae en una depresión muy fuerte hasta su muerte, un 3 de junio de 1947. "En los últimos meses de su vida se dedicó a escribir cartas, a reclamar al Estado para que no abandone los museos, y a tratar de ordenar su gran archivo documental, aunque como es natural después de su muerte el archivo sufrió algunos desmembramientos", dice Del Águia



EN LA RED

El archivo Tello se encuentra actualmente repartido en tres instituciones. La mayor parte está en San Marcos, pero existen también copias y protocolos de desenfardelamiento de momias en el Museo de Arqueología, Antropología e Historia de Pueblo Libre y otro tanto del Instituto Riva-Agüero, sobre todo lo correspondiente a Mejía Xesspe.

El trabajo de apertura del archivo ha sido un proceso lento y se realiza mediante un proceso manual. Una comisión abre un paquete y levanta un acta de lo encontrado, después comienza la clasificación y la transcripción del material. "Lamentablemente", agrega Del Águila, "las condiciones de registro y la informatización recién se está implementando. Ahora estamos tratando de armar una base de datos digitalizada, que nos permita realizar búsquedas en diversos sentidos. Porque la información encontrada es tan rica y variada que implica varias líneas temáticas, recuerda que Tello no solo se dedicaba a la arqueología, sino también le interesaba la lingüística, la etnografía y la antropología".

La tarea más urgente del equipo del Museo de San Marcos es continuar las publicaciones de los cuadernos que Tello dejó ya terminados, y no lo que requiere ser completo. "Por ejemplo", cuenta Del Águila, "encontramos un paquete que decía 'Quipus' y pensamos inicialmente publicar dicha información, pero después nos dimos cuenta de que había mucha gráfica y análisis, pero no era un trabajo concluido. Por eso nos inclinamos por Pachacamac porque había un conjunto de paquetes con ese título, y se trataba de un contexto cerrado. Esto no implica que después se encuentren más cosas sobre Pachacamac o sobre otros temas ya publicados, porque muchas veses un paquete lleva un título, pero en su interior aparece información sobre otras materias".

A pesar de que se va avanzando poco en el conocimiento del archivo, Del Águila dice que lo trabajado es significativo, dado los exiguos presupustos del museo y de la universidad. "Otro proyecto mayor es masificar toda esta información vía elétronica. La idea es colgar en la página del museo en enlace con la información del archivo en PDF".

Abrimos al azar uno de los cuadernos del paquete de Pachacamac y nos encontramos con una caligrafía fina e inclinada, y con los dibujos a colores de una ave costeña y de una especie de iguana. El tiempo no ha afectado los colores ni la nitidez del trazo. Los dibujos de los animales no tienen que envidiar en nada a una fotografía.



PÁGINAS A LA VISTA

Los cuadernos de investigación del Archivo Tello publicados hasta la fecha son: Cuaderno No. 1 ; Arqueología del Valle de Lima. Cuaderno No. 2: Arqueología del Valle de Asia: Huaca Malena. Cuaderno No. 3: Arqueología en la cuenca de Río Grande de Nasca. Cuaderno No. 4: Arqueología del Valle de Nepeña. Excavaciones en Cerro Blanco y Punkurí.
Además en Fondo Editorial de la UNMSM ha reeditado el libro Paracas. Primera parte, cuya primera edición data de 1959, (culminada por Toribio Mejía Xesspe) sobre las investigaciones en Río Grande, Acarí, Pisco, Chincha y Cañete. También ha publicado Arqueología de Cajamarca - Expedición al Marañón 1937, material que registraría sus exploraciones científicas en los departamentos de Cajamarca, Amazonas y la Libertad.






Monday, June 04, 2007

Historia de un pionero


Verdadero "dínamo humano" lo llamó Alfred Kroeber. Porras lo calificó como "el primer arqueólogo científico peruano". Fundador de cinco museos y responsable de 34 expediciones arqueológicas, la imagen que nos ha llegado de Julio C. Tello a través del tiempo es la del hombre humilde que a base de estudio logra superarse. Una imagen que por generosa ha terminado oculta al Tello que todo peruano debiera conocer

por Jorge Moreno Matos
En OCTUBRE DE 1974 el desaparecido historiador Alberto Flores Galindo escribía en un diario local: "De la misma manera como el los periódicos y revistas que comentan los libros, deberían también comentarce las tesis. Es una menera de seguir el proceso intelectual de un país". Tal vez se refería a la vieja costumbre que más de medio siglo antes tenía El comercio de insertar, a manera de pequeños avisos de sociales, la graduación de algún nuevo bachiller que su orgullosa familia mandaba publicar. Sólo en una ocasión ese aviso se extendió más allá del anuncio y se explayó en detalles como no lo había hecho antes

El 17 de nobiembre de 1908, al día siguiente de ser sustentada, El comercio comentó la tesis que Julio C. Tello defendió para graduarce de Bachiller en Medicina: La antigüedad de la sífilis en el Perú. Resultó tan notable la sustentación que escribió: "El señor Tello ha merecido una distinción que no ha alcanzado estudiante alguno, pues tras dos horas de sostenida discusión sobre los puntos culminantes del trabajo, en que fue objetado por los doctores Avenaño, Lavorería y Castañeta, el decano de la facultad doctor Manuel C. Barrios, pidió que la tesis fuese aprobada por aclamación". Este mismo jurado recomendaría "que no solamente se insertase el trabajo en los Anales Universitarios, sino que la universidad hisiese una edición especial para darla a conocer al mundo científico". Pero apenas era el inicio de su brillante carrera científica. Diez años después, el 24 de junio de 1918, volvería a San Marcos para graduarse brillantemente de Doctor en Ciencias Naturales con una tesis de apenas 24 páginas y 41 acuarelas y fotografías: El uso de las cabezas humanas artificialmente momificadas y su representación en el antuguo arte peruano. Hoy esa tesis constituye una de las joyas mas preciadas del Archivo Histórico de esa casa de estudios.
La vida de Tello estuvo salpicada de tantos viajes, avatares, polémicas y hasta anécdotas que incluso alguna vez alguien publicó un libro con el nombre de 50 anécdotas del sabio Tello, que
muchos han leído, modificado y tergiversado en ocasiones. Y es que desde que nació para el público peruano, Tello siempre dio que hablar y suscitó tanta admiración como envidia.
Nació en Huarochirí el 11 de abril de 1880, lo que significa que perteneció a la generación inmediatamente anterior a la llamada 'Arielista' o del 'Novecientos' de la que formaron parte de Riva-Agüero, los hermanos García Calderón y V. A. Belaúnde, lo que no impidió que entablara amistad con agunos de sus miembros y que incluso comulgara con muchos de sus postulados. Aunque cursó la primaria en su pueblo natal y la secundaria, primero en el colegio de Lima y el último año en el colegio Guadalupe, lo verdaderamente trascendental fue su ingreso a la Facultad de Medicina de San Marcos, en 1900, en donde conoció a Hemilio Valdizán, Baltasar Caravedo, Julio C. Bernales y Ricardo Palma, cuyo padre, el famoso tradicionista, lo que prohijó y le facilitó un puesto en la Biblioteca Nacional en cuyos viejos estantes ahondaría su interés por el antiguo Perú. Luego de su magnífica sustentación de 1908, obtiene una beca del gobierno y se embarca para los Estados Unidos a continuar sus estudios en la Universidad de Harvard. En este hecho, hay quienes han tratado de restarle méritos a Tello acusándolo de leguiísta. Nada más lejos de la verdad. El gobierno de Leguía le concede la beca a solicitud de la propia Universidad de San Marcos según consta en la resolución Suprema del 21 de agosto de 1909. A su regreso, sus aportes al conocimiento de nuestro pasado serían fundamentales, la base de la naciente escuela peruana de arqueología. En 1919 funda el Museo Arqueológico de esa Universidad; ese mismo año llama la atención sobre la importancia de la cultura Chavín y su enorme influencia; en 1925 descubre la cultura Paracas, anterior a la era cristiana; y en 1945 funda el Museo Nacional de Antropología. Obras que bastarían por sí solas para escribir su nombre en la história, pero Tello hizo mucho más.
Como hijo de su tiempo, y gracias a los laureles académicos que havía logrado fue muy natural que respondiese a la invitación que le hicieran para integrarce a las filas del Partido Nacional Democrático el de Riva_Agüero. Fue elegido diputado por Huarochirí, ocupando un escaño desde 1917 hasta 1928. Sus invenciones en el hemiciclo, que todavía esperan a alguien que las rescate para el gran público, revelan a un Tello en gran parte desconocido para todos. En las páginas del Diario de los Debates de su cámara están impresas para siempre su denuncia de las empresas mineras que contaminan los ríos con los revales que virten en ellos, produciendo "graves daños a las sementeras y al ganado" (intervención del 20/11/1917); su demanda de auxilio al gobierno de los pueblos de la sierra "por el encarecimiento alarmante de los artículos de primera nesecidad" (intervención del 21/11/1917); su denuncia de masacres huelguistas mineros "que no rejistró carácter de agresividad o de violencia" por parte de ellos ( intervención del 6/12/1918). O más aún, su denuncia, sin ningún miramiento, de agentes del gobierno "incapacitados conforme a ley" implicados en estos hechos. Pero la verdadera gloria de Tello estaría lejos del recinto parlamentario.

Nombrado en 1913 Jefe de la Sección Arqueológica del Museo Nacional, presentó un plan de trabajo tan moderno para su época que se ganó la enemistad de aquellos a los que su plan dejaba fuera. El mayor encono contra él lo tuvo Emilio Gutiérrez de Quintanilla, Jefe de la sección Histórica, representante máximo del viejo pensamiento que causó a Tello da las mayores bajezas, de buscador de tesoros y hasta de traficante de nuestro patrimonio (él, que fue quien propició la ley Conservación de Monumentos Arqueológicos de 1929). Su malestar por tener que haceptar las propuestas para la administración del museo que un indio hacía desde el Congreso, lo volcó en un panfleto: "El Manco Capac de la arqueología peruana, Julio C. Tello, (Señor de Huarochirí), que está repleto de las más increíbles lindezas y prejuicios: "Anticristo de quimérica reacción, contra hechura viviente de Huayna Capac", lo llama; "la campaña política que emprende ahora, para restablecer el predominio de los pongosy restaurar la autoridad incana", califica asus propuestas para una nuueva Ley Universitaria. Pese a ello y por increíble que parezca, Tello sólo logró que su Cámara aprobara una recomendación al Ejecutivo para abrirle proceso administrativo a Gutiérrez, ya que tuvo el desparapajo de manadarlo imprimir en los talleres del museo y condinero del Estado, y que nunca se abrió, permaneciendo veinte años en su cargo. Tello se alejó del Museo en 1915, al igual que Uhle lo hizo en 1911 también por intrigas del mismo personaje. Pero si algo habría que reprocharle a Tello fue el no ser ajeno al destino de otros grandes historiadores peruanos que, como él, dejaron gran parte de su magnífica obra inédita o dispersa en publicaciones menores. Al igual que Raúl Porras o Riva-Agüero, lo fundamental de su trabajo se publicaría años después de su mierte y, como en el caso del primero, durante años se anunciarían sus obras completas que siempre tardaban en ser publicadas. Recién en el 2004 la Universidad de San Marcos ha empezado a publicar y reeditar sus trabajos inéditos y aquellos que eran tan difíciles de encontrar aún para especialistas como es el caso de su extraordinaria Paracas I, publicado en 1959 por uno de sus discípulos y que es una auténtica obra de arte por el aparato gráfico que la acompañaba y que lamentablemente en su reendición de 2005 perdió gran parte de ese atractivo. Tello murió el 3 de junio de 1947 sabiendo que su legado por el que tanto trabajó estaba asegurado: un museo en el que reunió todo lo acumulado en tres décadas de exploraciones y descubrimientos y en el que pidió ser enterrado; una teoría del origen de la civilización andina que aunque superada le dio prestigio; y un archivo (que donó a la Universidad de San Marcos) en el cual las generaciones futuras de estudios, como predijo Porras, "por muchos años se nutrirá de sus hallazgos, descripciones y planteamientos", para continuar en la búsqueda que durante una vida dedicada a la investigación lo mantuvo ocupado a él; la esencia del Perú.